31.7.04

por ejemplo yo seré tu falo

Lo quería como quien quiere a un avestruz, como quien lleva pañuelos de tela en los bolsillos. Yo le decía constantemente que no lo entiendo Claudia, que no lo entiendo, que las cosas no surgen así, de repente. Empezó a hablar de alimentación, de alimentarnos los unos a los otros, de que todos teníamos carencias y, entiéndelo, es placentero que te sacien. Por ejemplo, continuó, yo necesitaba como oxígeno en sangre que alguien me escuchara hablar de mi ausencia de padre, que atendiera cuando persevero en ideas sabidas, cuando vuelvo a las sandeces habituales.
Ahora era yo y no él quien la aguantaba. Ella estaba tranquila; era evidente que su nueva relación le sentaba bien, que tenía más color en sus mejillas, más regordeta, que sus pecas eran menos, aunque más precisas.
Realmente creo que él no me entiende, pero está bien, sabes. Lo de mi padre lo reduce a un análisis freudiano: mis desequilibrios emocionales parten de la inexistencia de un pilar fálico en mi vida. Yo seré tu falo, me suele decir a risotadas cada vez que sale el tema. No sé si amo estas carcajadas, no lo sé. Pero la verdadera cuestión, al final, es que acepta mi conversación, me oye, y aún más importante, yo consigo calmar su sed de cuerpos jóvenes. Nos alimentamos.
Claudia hablaba siempre demasiado y rara vez atendía a lo que pudiera estar pensando su interlocutor. Me pregunto si juzga a las personas o sólo a sí misma. Ves, no es como tú, a él sí que puedo ayudarlo, no es autosuficiente, es consciente de sus carencias y acepta la cuchara de otros.

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