esta costumbre de ella
asentada como el tiempo en las piedras,
disfrute de días, de viento y de lluvia,
de calor y ausencia.
Esta costumbre de ella
que es costumbre de vida,
olor húmedo de una piel lejana
conversaciones como poemas blancos.
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Incomunicados, nuestros pensamientos van cogidos de la mano a sitios distintos. Se estiran y estiran los brazos, duelen un poco, pero mientras no se rompan.
Conseguimos que yo estuviera paseando a orillas del Sena y ella echara fotos a las Ramblas; otro día fui yo quien bajó a Barna mientras ella visitaba Casablanca. Cogidos de la mano, sin hablar.
25.8.04
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