Hoy cumplimos un año sentados en el callejón, así que parece obligado hacer un resumen de lo que ha pasado bajo la luz (tenue) de la única farola que nos queda.
Por eso mismo, yo al menos no voy a hacerlo.
También estoy un poco cansado de propósitos de año nuevo, de vida nueva... como si cada día, cada hora, cada segundo, no fuera tan bueno como el anterior para cambiar algo.
Además, siempre ocurre que los grandes proyectos sólo cumplen años de no empezarlos.
El callejón está hoy lleno de ruidos y de papeles, de ecos de otros días y de murmullos para mañana, de recortes de breviarios viejos.
No sé si pronto se apagarán, aquí hace cada vez más frío.
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