18.4.05

aceleración, trance, expansión

Caminar por la calle, hacerse uno con el asfalto,
sentir las avenidas deslizándose bajo los pies
y a lo lejos la perfecta sincronía de los semáforos que nadie respeta
;
Sentir que en un momento la piel se estira,
los miembros se alargan y ocupan toda el paseo,
el pecho se abre y recoje todo el tráfico,
los poros son permeables y la carne respira el aire tibio de esta primavera
;
Inyectar la música de todas las despedidas en los oídos
y penetrar en el circuito eléctrico del cuerpo
renovando los humores, purificando los rincones,
con la espalda erizada sólo con el latido del corazón
;
Volar los brazos para rodear la ciudad de punta a punta,
con las yemas de los dedos abiertas en flor,
apretando los puños para sacar toda la energía del cerebro
e iluminar cien metros por delante el bulevar
;
Ser uno con el mundo, darse cuenta y estar vivo,
lo suficientemente embriagado para tener con(s)ciencia.
;

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Has descrito perfectamente como me sentí cuando recorrí las calles de Granada por primera vez. Me sentía viva y hasta me encantaba que me diesen en la cara los rayos del sol y la suave brisa de la sierra. Ahora se me ha olvidado como lo hice; ahora salgo a la calle y me falta el aire; y no es que las calles, avenidas y jardines que piso de esta ciudad sean más feas; creo que es porque me cuesta recordar cómo se hacía y porque lo veo cada dia en las personas que se cruzan en mi vida.

juan dijo...

No desesperes, anónima visitante; todas las ciudades tienen sus rincones, porque como bien dices, el rincón es uno mismo.

Y no te olvides de cómo se hacía eso de tomar la calle. Por mucho que la multitud intente despistarte, respira hondo, acelera, y afronta el camino a pesar las rozaduras en los pies.

Anónimo dijo...

A menudo, al menos para mí, es más difícil expresar los momentos orgiásticos q los deprimentes.
Lo hiciste muy bien, Juan.

"con las yemas de los dedos abiertas en flor,