6.12.05

viajes

Debajo de la lluvia, con los dos mapas en las manos, parecía uno más de aquellos recién llegados que chorreaban por la terminal en busca de un taxi. Sin embargo, aquél estaba previsto que fuera su último día en la ciudad.

El procedimiento siempre era el mismo. Una vez llegado al destino elegido buscaba alojamiento, preferiblemente céntrico y sin compañeros, aunque nunca estaba de más la ayuda de algún conocido, por poco que así pudiera llamarse. El trabajo y los amigos se encontraban luego. Y, finalmente, la conocía a ella.

Siempre se acababa jodiendo todo. En cualquier ciudad existe el doble de lugares para despedirse que para enamorarse, había oído por ahí. Después del adiós comenzaba la cuenta: si cuando llegara el siguiente día de lluvia no había vuelto a besarla, debía dejar la ciudad.

La forma de elegir la siguiente parada era sencilla. En un plano de la ciudad actual marcaba el sitio donde la había visto por primera vez y se desplazaba hasta allí. Sobre este plano colocaba el mapa de papel cebolla que dibujó la primera vez. El lugar que marcara la cruz de abajo sobre el pliego de arriba determinaba el lugar de destino. Así había saltado desde el mirador de Carvajales en Granada hasta Bilbao, desde la Fuente del Perro hasta Barcelona.

Esa noche, en el aeropuerto de El Prat, un borrón de tinta se extendía sobre Lisboa.

1 comentario:

aGEnBiTe oF iNWiT dijo...

Laín compae, qué caña!! Como diría un presentador de r3, "cuando Vila Matas se encuentra con Pessoa"! Yeahh!