Caminar por la calle, hacerse uno con el asfalto,
sentir las avenidas deslizándose bajo los pies
y a lo lejos la perfecta sincronía de los semáforos que nadie respeta
;
Sentir que en un momento la piel se estira,
los miembros se alargan y ocupan toda el paseo,
el pecho se abre y recoje todo el tráfico,
los poros son permeables y la carne respira el aire tibio de esta primavera
;
Inyectar la música de todas las despedidas en los oídos
y penetrar en el circuito eléctrico del cuerpo
renovando los humores, purificando los rincones,
con la espalda erizada sólo con el latido del corazón
;
Volar los brazos para rodear la ciudad de punta a punta,
con las yemas de los dedos abiertas en flor,
apretando los puños para sacar toda la energía del cerebro
e iluminar cien metros por delante el bulevar
;
Ser uno con el mundo, darse cuenta y estar vivo,
lo suficientemente embriagado para tener con(s)ciencia.
;