Aún era noche oscura cuando sonó el despertador. Se incorporó. Encendió la radio, encendió la luz.
Quizá fue a la inversa, que poco importa: quizá primero fue la luz, luego la radio, el despertador y por último se despertó. Quién sabe. Lo que sí es cierto es que se dirigió al baño como todas las mañanas. Somnoliento, frente al espejo, se miró y supo que iba a morir. Supo que iba a morir.
Se vistió con cierto terror infantil, besó a su nueva amante y se dispuso a ir al trabajo.
9.2.06
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