29.6.10

la cinta de moebius

El niño de las gafas conoce un juego nuevo. Se lo ha enseñado su hermano: tienes tres casas y tres pozos, alineados formando dos filas horizontales, y tienes que unir cada casa con los tres pozos sin que las líneas, rectas o curvas, se crucen. ¿Sabes? Se dice que sólo el duque de Medina Sidonia conoce la solución de este problema.

El niño coge un papel y un lápiz y pinta dos filas de círculos enfrentados; unos son casas, los otros son pozos.

O O O
O O O

Piensa la solución con toda su energía, pero al final queda una línea que tiene que atravesar a una de las otras para alcanzar su destino. Entonces, pinta de nuevo los círculos y vuelve a empezar. Tampoco hay suerte esta vez, pero no desiste. Aunque lo intenta durante todo el recreo, no lo consigue. Por una o dos veces le parece que ha resuelto el misterio y murmura que malditos nobles, que a él no lo van a engañar, pero se acaba dando cuenta de que se le ha olvidado una línea, de que hay un cruce que no había previsto.

Los círculos que dibuja el niño están cada vez más deformados; ahora parecen tres letras 'c', redondeles sin cerrar. Cabeza, cuerpo y corazón, podrían significar, y el reto consiste en unir los de dos personas.

C C C
C C C

En realidad, hace rato que el niño se ha dado cuenta de que el juego no tiene solución. Aún así, sigue intentando encontrarla, porque sabe que de alguna manera, quizá...

23.6.10

oído en la calle

¡Chorizos, chorizos! Os alimentáis de mi cerebro...
¡Debería encerraros la Seguridad Social!

...gritó la loca del sombrero al aprendiz de escritor.

Y no sabía cuánta razón tenía, porque él no tardó en anotar esa frase en su cuaderno.

12.3.10

madrigueras

De repente, el niño de las gafas es mayor. Tiene un buen trabajo en la capital, dicen en el pueblo. Todos los días viaja por los intestinos de la gran ciudad a esas horas en las que hay más gente por debajo del asfalto que por encima. Mantiene la costumbre de escuchar emisoras musicales, aunque en muchos puntos de su trayecto las ondas de radio no llegan al subsuelo y sólo oye ruido blanco por los auriculares.

A pesar de los días de oficina, recuerda cuando su padre le enseñó a capturar a los topos que se ocultan en las madrigueras.

Hay que dar pisotones fuertes a un metro o así del agujero de entrada, pues ésa es la parte más profunda, haciendo círculos alrededor de él. El animal, ciego, creerá que esa parte de su guarida es la más cercana a la superficie, al notarse más las vibraciones, y correrá hacia el otro extremo, donde podremos capturarlo fácilmente.

En ese momento, el niño empieza a escuchar nítidamente la canción que el transistor, ahora sí, está recibiendo. Como el topo, utiliza esas frecuencias para orientarse, aunque él no se confunde y sí encuentra la salida, huyendo de los cazadores y de las jaulas. O al menos, eso cree.

17.2.10

aire nuestro

[...]
Sigue escribiendo. Recuérdales de dónde vienes: de los ahorcados, de los ejecutados, del campesinado español, del proletariado irredento, de la pobreza insuperable. Recuérdales que vienes del analfabetismo, del hambre y de la enfermedad. Recuérdales que sólo te separa una generación de mí. Eso es lo que tienes que hacer, y lo estás haciendo bien. Recuérdales que eres un revolucionario y que eres comunista y que vas a matarlos a todos. Buenas noches, amor mío.

Manuel Vilas, Aire Nuestro