qué señor tan simpático,
pensó la niña guapa
justo antes de que oyera lo segundo
y no volviera a ser más lo primero.
15.3.06
8.3.06
atasco
A todos los jóvenes con talento que van por ahí convencidos de que no tienen nada que hacer en el mundo, yo les diría: "Deja de intentar escribir y en cambio intenta no escribir. Sal al mundo, hazte pirata, rey en Borneo u obrero en la Rusia soviética; búscate una existencia en que la satisfacción de necesidades físicas elementales ocupe todas tus energías". (...) Creo que, al cabo de unos años de vivir así, el ex intelectual encontrará que, a pesar de sus esfuerzos, ya no puede contener el afán de escribir, y cuando llegue ese momento, lo que escriba ya no le parecerá tan fútil.
Bertrand Russell, La conquista de la felicidad.
Bertrand Russell, La conquista de la felicidad.
9.2.06
Variaciones 2
Aún era noche oscura cuando sonó el despertador. Se incorporó. Encendió la radio, encendió la luz.
Quizá fue a la inversa, que poco importa: quizá primero fue la luz, luego la radio, el despertador y por último se despertó. Quién sabe. Lo que sí es cierto es que se dirigió al baño como todas las mañanas. Somnoliento, frente al espejo, se miró y supo que iba a morir. Supo que iba a morir.
Se vistió con cierto terror infantil, besó a su nueva amante y se dispuso a ir al trabajo.
Quizá fue a la inversa, que poco importa: quizá primero fue la luz, luego la radio, el despertador y por último se despertó. Quién sabe. Lo que sí es cierto es que se dirigió al baño como todas las mañanas. Somnoliento, frente al espejo, se miró y supo que iba a morir. Supo que iba a morir.
Se vistió con cierto terror infantil, besó a su nueva amante y se dispuso a ir al trabajo.
8.2.06
¿quién va a montar en bicicleta?
Cuando era pequeño, tenía una bicicleta vieja, muy vieja, que le regaló (no sé de dónde la sacaría) mi abuelo a mi padre para que pudiera ir a ver a su novia (mi madre) desde el campo donde trabajaba. Yo no llegaba con los pies al suelo y para frenar tenía que empujar con el pie la pinza de la zapata.
Tiempo después, un día mientras organizábamos un trastero, volvimos a encontrarla, llena de polvo. Le pegamos un manguerazo y los dos nos dimos una vuelta con ella. Cuando yo volví, aunque mirábamos hacia abajo, creo que vi en los ojos de mi padre restos de lágrimas.
Que por qué me acuerdo de esto... ah, sí, Daniella, que ha salido.
Tiempo después, un día mientras organizábamos un trastero, volvimos a encontrarla, llena de polvo. Le pegamos un manguerazo y los dos nos dimos una vuelta con ella. Cuando yo volví, aunque mirábamos hacia abajo, creo que vi en los ojos de mi padre restos de lágrimas.
Que por qué me acuerdo de esto... ah, sí, Daniella, que ha salido.
Acércate
Acércate, acércate. El sol me impide verte y sólo eres una leve curva de lápiz. Acércate, que la vieja miopía.
O mejor, sigue corriendo, disfruta de tu inconsciencia. Sigue olvidándote de ese ser inerte que apenas sirve para enumerar porqués: por qué apareces así, por qué despampanante de alegría y luz, por qué tan impúdica, por qué nadie la ve, por qué me muestras lo que soy.
O mejor, sigue corriendo, disfruta de tu inconsciencia. Sigue olvidándote de ese ser inerte que apenas sirve para enumerar porqués: por qué apareces así, por qué despampanante de alegría y luz, por qué tan impúdica, por qué nadie la ve, por qué me muestras lo que soy.
27.1.06
la pared blanca
no hay mal que un ciento dure,
pensó el anciano;
la pared, blanca,
él, noventa y nueve años
y trescientos sesenta y cuatro días.
pensó el anciano;
la pared, blanca,
él, noventa y nueve años
y trescientos sesenta y cuatro días.
11.1.06
tiempo (II)
El callejón cumple dos años. No somos amigos de hacer cuentas ni borrones, así que hoy nos sirve el mismo pensamiento que decíamos ayer.
Tampoco este año hay balance, aunque pueden encontrar un nuevo apartado en la barra lateral derecha donde se muestran las palabras más nombradas en la portada de este callejón. Si quieren, aquí aparece más bonita.
Lo dicho. O mejor, lo que queda por decir. Saludos.
Tampoco este año hay balance, aunque pueden encontrar un nuevo apartado en la barra lateral derecha donde se muestran las palabras más nombradas en la portada de este callejón. Si quieren, aquí aparece más bonita.
Lo dicho. O mejor, lo que queda por decir. Saludos.
6.12.05
viajes
Debajo de la lluvia, con los dos mapas en las manos, parecía uno más de aquellos recién llegados que chorreaban por la terminal en busca de un taxi. Sin embargo, aquél estaba previsto que fuera su último día en la ciudad.
El procedimiento siempre era el mismo. Una vez llegado al destino elegido buscaba alojamiento, preferiblemente céntrico y sin compañeros, aunque nunca estaba de más la ayuda de algún conocido, por poco que así pudiera llamarse. El trabajo y los amigos se encontraban luego. Y, finalmente, la conocía a ella.
Siempre se acababa jodiendo todo. En cualquier ciudad existe el doble de lugares para despedirse que para enamorarse, había oído por ahí. Después del adiós comenzaba la cuenta: si cuando llegara el siguiente día de lluvia no había vuelto a besarla, debía dejar la ciudad.
La forma de elegir la siguiente parada era sencilla. En un plano de la ciudad actual marcaba el sitio donde la había visto por primera vez y se desplazaba hasta allí. Sobre este plano colocaba el mapa de papel cebolla que dibujó la primera vez. El lugar que marcara la cruz de abajo sobre el pliego de arriba determinaba el lugar de destino. Así había saltado desde el mirador de Carvajales en Granada hasta Bilbao, desde la Fuente del Perro hasta Barcelona.
Esa noche, en el aeropuerto de El Prat, un borrón de tinta se extendía sobre Lisboa.
El procedimiento siempre era el mismo. Una vez llegado al destino elegido buscaba alojamiento, preferiblemente céntrico y sin compañeros, aunque nunca estaba de más la ayuda de algún conocido, por poco que así pudiera llamarse. El trabajo y los amigos se encontraban luego. Y, finalmente, la conocía a ella.
Siempre se acababa jodiendo todo. En cualquier ciudad existe el doble de lugares para despedirse que para enamorarse, había oído por ahí. Después del adiós comenzaba la cuenta: si cuando llegara el siguiente día de lluvia no había vuelto a besarla, debía dejar la ciudad.
La forma de elegir la siguiente parada era sencilla. En un plano de la ciudad actual marcaba el sitio donde la había visto por primera vez y se desplazaba hasta allí. Sobre este plano colocaba el mapa de papel cebolla que dibujó la primera vez. El lugar que marcara la cruz de abajo sobre el pliego de arriba determinaba el lugar de destino. Así había saltado desde el mirador de Carvajales en Granada hasta Bilbao, desde la Fuente del Perro hasta Barcelona.
Esa noche, en el aeropuerto de El Prat, un borrón de tinta se extendía sobre Lisboa.
29.11.05
ilusiones de realidad
Hoy dos alumnas se han puesto a llorar en clase mientras yo leía uno de sus poemas. Trataba de esas cosas de la amistad eterna, del amor, de las separaciones. Con ritmo machacón, con agudas, sin prejuicios ni miedos. Gilipolleces de esas que se destilan a edades imberbes.
Mi cabeza ahora está en otros lugares que no sé cómo calificar, se preocupa por saber dónde aparcar el coche, qué hacer con el sueldo, con el alicatado del cuarto de baño.
Me sorprende cómo puedo seguir viviendo. ¡Qué capacidad de aclimatación!
Mi cabeza ahora está en otros lugares que no sé cómo calificar, se preocupa por saber dónde aparcar el coche, qué hacer con el sueldo, con el alicatado del cuarto de baño.
Me sorprende cómo puedo seguir viviendo. ¡Qué capacidad de aclimatación!
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