23.6.10

oído en la calle

¡Chorizos, chorizos! Os alimentáis de mi cerebro...
¡Debería encerraros la Seguridad Social!

...gritó la loca del sombrero al aprendiz de escritor.

Y no sabía cuánta razón tenía, porque él no tardó en anotar esa frase en su cuaderno.

12.3.10

madrigueras

De repente, el niño de las gafas es mayor. Tiene un buen trabajo en la capital, dicen en el pueblo. Todos los días viaja por los intestinos de la gran ciudad a esas horas en las que hay más gente por debajo del asfalto que por encima. Mantiene la costumbre de escuchar emisoras musicales, aunque en muchos puntos de su trayecto las ondas de radio no llegan al subsuelo y sólo oye ruido blanco por los auriculares.

A pesar de los días de oficina, recuerda cuando su padre le enseñó a capturar a los topos que se ocultan en las madrigueras.

Hay que dar pisotones fuertes a un metro o así del agujero de entrada, pues ésa es la parte más profunda, haciendo círculos alrededor de él. El animal, ciego, creerá que esa parte de su guarida es la más cercana a la superficie, al notarse más las vibraciones, y correrá hacia el otro extremo, donde podremos capturarlo fácilmente.

En ese momento, el niño empieza a escuchar nítidamente la canción que el transistor, ahora sí, está recibiendo. Como el topo, utiliza esas frecuencias para orientarse, aunque él no se confunde y sí encuentra la salida, huyendo de los cazadores y de las jaulas. O al menos, eso cree.

17.2.10

aire nuestro

[...]
Sigue escribiendo. Recuérdales de dónde vienes: de los ahorcados, de los ejecutados, del campesinado español, del proletariado irredento, de la pobreza insuperable. Recuérdales que vienes del analfabetismo, del hambre y de la enfermedad. Recuérdales que sólo te separa una generación de mí. Eso es lo que tienes que hacer, y lo estás haciendo bien. Recuérdales que eres un revolucionario y que eres comunista y que vas a matarlos a todos. Buenas noches, amor mío.

Manuel Vilas, Aire Nuestro

21.4.09

el intérprete de sueños

Yo me dedico a interpretar sueños -respondió él cuando la chica de la barra le devolvió la pregunta.

Intrigada, dio un sorbo a su gin-tonic, sonrió con los labios que más de la mitad de los que quedaban en el bar habían besado, y le pidió más explicaciones.

Es fácil -prosiguió. Tú me cuentas un sueño que hayas tenido recientemente y yo te digo las motivaciones, que lo han provocado, incluso las ocultas, para que te resulte más fácil corregirlas (si quieres). Si tu vida mejora a partir de mi revelación, cosa que suele ocurrir, acepto un pago.

Con cierto desprecio, ella murmuró que eso no era más que psicoanálisis básico.

Él no se rindió. No exactamente: mis interpretaciones se basan en metáforas literarias, en paseos de biblioteca, en historias olvidadas en estanterías. Conocer a fondo lo que se ha escrito y lo que se sigue escribiendo en esta ciudad me sirve para pulsar las emociones de sus habitantes, pues casi todo lo que se puede sentir ya ha sido escrito en alguna parte. Ayer mismo interpreté un sueño a un encofrador de Móstoles que era una mezcla del segundo acto de una tragedia de Eurípides y un paisaje de Tokio Blues. Puedes intentarlo, quizá así me creas -continuó.

Ella empezó a relatarle que era frecuente que soñara que corría por la playa, que le pesaban las piernas, que había olas, que se borraban dibujos de corazones en la arena. Él abrió los ojos, como hacía siempre, para evitar que ella notara que su mirada se perdía en el espacio, si no en el tiempo, y que mentía, porque todas sus interpretaciones se inspiraban en los escasos cinco meses en que estuvo enamorado y en los que sintió todas las emociones que muchas personas no llegan incluso ni a imaginar, ni a soñar, en toda su vida.

19.1.09

el encargado


The One in Charge (El Encargado) de Sergio Barrejón en Vimeo

Escrito por Nacho Vigalondo y Sergio Barrejón.
Producido por Nahikari Ipiña.
Dirigido por Sergio Barrejón.

5.1.09

na aspereza da vida cotiá, soñar é necesario

[...]
Gutor, Babarón y Trapobana son tres islas que no hay, y están entre Bengala y la isla de Java. Gutor nunca se vio, y no se sabe quién la bautizó, pero a ochenta leguas de Canbetún hay que dar una virada a sureste para pasarla, y los que se ríen de nosotros, los señores pilotos de Arabia, por hacer esta reverencia, no se dan cuenta de que no habrá isla, pero hay el nombre y la erre en que remata éste es rasgada, y podría uno no chocar contra la isla, pero puede embestir contra el nombre, que eso nadie lo niega.

Babarón es como si no la hubiese...

Álvaro Cunqueiro, Cuando el viejo Sinbad vuelva a las islas

1.11.08

aforismo (i)

Sólo se conoce a una persona cuando te ha decepcionado.

(oído por ahí)

7.9.08

la vie rêvée

dobla por medio la hoja
y corta la banda que sobra abajo;
vuelve a plegar los picos
como te he enseñado:
ya tienes tu oráculo de papel;
con dos, pintados
uno con números y otro con nombres,
te adivino el futuro.


la niña de las trenzas
cuenta muy despacio y mueve a los lados
sus alforjitas de origami mientras
la maestra de francés rebobina
(te casarás a los veinticinco)
la canción que los alumnos escuchan
(tu novia se llamará Luna)
intentando cambiar
(tendrás tres hijos)
los huecos por palabras.

el niño de las gafas
no piensa en si es cierta la predicción,
sino en qué debe o no
hacer / decir
para que ocurra
este futuro
o el que sueña.

8.5.08

sobre los clásicos

Cuanto más conocía a Nagasawa, más extraño me parecía. A lo largo de mi vida, me había cruzado, había encontrado o conocido a muchas personas extrañas, pero jamás a nadie que lo fuera tanto. Leía muchísimo más que yo, pero tenía por principio no adentrarse en una obra hasta que hubieran transcurrido treinta años de la muerte del autor. “Sólo me fío de estos libros”, decía.

-No es que no crea en la literatura contemporánea, pero no quiero perder un tiempo valioso leyendo libros que no hayan sido bautizados por el paso del tiempo. ¿Sabes?, la vida es corta.

-¿Y qué escritores te gustan? -le pregunté.

-Balzac, Dante, Joseph Conrad, Dickens –me respondió el instante.

-No son muy actuales que digamos.

-Si leyera lo mismo que los demás, acabaría pensando como ellos. ¡El mundo está lleno de mediocres! A la gente que vale la pena le daría vergüenza hacer lo que hacen ésos. ¿No te has dato cuenta, Watanabe? Los únicos medianamente decentes de toda la residencia somos tú y yo. El resto son basura.

-¿Por qué lo dices? –Me sorprendí.

-Porque lo sé. Lo llevan escrito en la cara. Basta con mirarlos. Además, nosotros dos leemos El gran Gatsby.

Hice un cálculo mental: “Todavía no han pasado treinta años desde la muerte de Scott Fitzgerald”.

-Y qué más da. ¡Por dos años! –exclamó-. A un escritor tan extraordinario como él lo adelanto, y no hay más que hablar.

Haruki Murakami, Tokio blues (Norwegian Wood)